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Reseña Histórica

 

Don Antonio de La Raya y Navarrete, quinto obispo de la primera diócesis del Perú,  a los cinco meses de ingresar al Cusco, en aplicación del Concilio de Trento, fundó un Colegio Seminario en esta ciudad, el 1º de Agosto de 1598, para educar y formar a jóvenes que deseasen abrazar la vida sacerdotal, especialmente para los descendientes de los conquistadores empobrecidos..

Se inició con 80 alumnos, concediendo 24 becas, sostenidas por las diversas provincias que en aquel entonces pertenecían a la diócesis: Cusco, Huamanga, Huancavelica, Arequipa, Camaná, Carabaya y Arica. Su primer rector fue el Pbro. Dn. Hernán Pérez de Soria.  Posiblemente funcionó, desde su fundación, en la actual plazoleta de Las Nazarenas, donde permaneció hasta 1965. La enseñanza en este plantel se centró en la doctrina de Santo Tomás de Aquino y en la defensa de la Purísima Concepción de la Virgen María.

En 1601, El obispo La Raya, con los superiores de las órdenes religiosas establecidas en el Cusco y los vecinos notables de esta ciudad, hicieron una petición a la Corona de Castilla para crear una Universidad teniendo como fundamento este Colegio Seminario, dicho petitorio fue encomendado a los padres jesuitas. En 1603, el mismo prelado reconoció las primeras Constituciones del Colegio Seminario y su regencia fue encomendada a la Compañía de Jesús; pero la presencia de los jesuitas  no fue larga, por el parecer del Cabildo Catedralicio y diversos prelados.

Desde 1623, surgieron fuertes tensiones entre el Seminario de San Antonio, patrocinado por el Obispado y el Cabildo Catedralicio y el Real Colegio de San Bernardo, regentado por los jesuitas, pues éstos consiguieron la creación de la Real Universidad de San Ignacio de Loyola. Esta situación impulsó a las autoridades del seminario antoniano a buscar el reconocimiento universitario para este centro académico, y se le encomendó la petición al maestro dominico Fr. Leonardo López Dávalos, quien con la ayuda de gente influyente publicó, en Roma y Madrid, la obra filosófica y teológica del antoniano Juan Espinoza y Medrano "El lunarejo".

El Papa Inocencio XII, con el Breve Aeternæ Sapientiæ, del 1º de Marzo de 1692, concedió al Colegio Seminario de San Antonio Abad poder para otorgar títulos académicos de bachiller, licenciado, doctor y maestro en Filosofía y Teología. Este Breve recibió la aprobación del Rey Carlos II. En el Cusco el obispo Mollinedo, deseoso de dar fin a los conflictos entre antonianos y bernardos, no quiso publicar el Breve; pero a la presión de las autoridades antonianas se publicó y reconoció con  gran júbilo, los primeros días de octubre de 1696. Dando origen así a la Universidad de San Antonio Abad, que en todo aspecto dependía de las autoridades del Seminario y como su institución anexa. En 1713, la institución antoniana recibió el título de Real, que le igualaba en rango a la universidad jesuítica.

Con la inquietud de consolidar una nueva patria, este plantel, durante la rebelión de los hermanos Angulo, se convirtió en cuartel logístico del ideal independista, debido a que el precursor de este movimiento fue el prelado cusqueño y antoniano Dn. José Pérez y Armendáriz. Al ser sofocada la rebelión, las represalias se hicieron sentir en el Seminario Universidad, impidiéndosele conceder títulos académicos.

Con la independencia y las reformas del Libertador Simón Bolívar, el Seminario y Universidad corrió el riesgo de cambiar de nombre y ser dirigido por el nuevo Estado, hecho que afectó a los antiguos colegios de San Bernardo, San Francisco de Borja y San Buenaventura, que fueron fusionados, dando origen al Colegio Nacional de Ciencias y Artes.

El declive del seminario comenzó con el proceso independentista y se agudizó durante el Siglo XIX, es así que fruto de las reformas de 1855, la Universidad se desmembró del Seminario y será consignada al Estado a partir del 6 de Mayo de 1863. Paralelamente a este suceso, la formación académica y espiritual estaba desfasada, es así que el Rector y Obispo Dn. Julián Ochoa y los sacerdotes que se encargaban del Seminario, decidieron traer formadores europeos para conseguir un clero más ilustrado y virtuoso, donde estuvieron los padres Lazaristas hasta 1870, a inicios del Siglo XX por muy corto tiempo, no más de 10 años, los agustinos recoletos y nuevamente los lazaristas.

 En 1922, Mons. Farfán consignó la regencia y cuidado de la formación a los padres Claretianos, quienes permanecieron hasta 1951. Con motivo de la proclamación del Dogma de la Asunción de la Virgen María, el entonces primer Arzobispo del Cusco, Mons. Hermoza, viajó a Roma y pidió al Superior General de la Compañía de Jesús, para que la Orden vuelva al Cusco y especialmente se encargase del Seminario, hecho que se concretizó en 1953. Durante este periodo los padres jesuitas consiguieron el apoyo del Card. Cushing de Boston y construyeron un nuevo local para el Seminario y Casa de Retiros, en la Av. de La Cultura, que se puso en uso desde 1965.

Los jesuitas dejaron la regencia del Seminario en 1973 y éste se tubo que cerrar, porque además de faltar formadores, se sintió la escasés de vocaciones a raíz de las reformas conciliares. Este hecho obligó a que las vocaciones sean enviadas a otros seminarios.

En más de 400 años el Colegio Seminario de San Antonio Abad ha dado a la Iglesia y a la sociedad hombres de mucha valía, varones virtuosos como su segundo Rector Dn. Juan Rodríguez de Rivera, quien murió en olor de santidad, el Lic. Cristóbal Traslaviña, Dn. Julián Ochoa, Dn. Pedro P. Farfán, Dn. Fidel María Cosio Medina, el legendario Juan Francisco Palomino, cura de San Blas, Dn. Manuel Lezama y tantos otros. Teólogos y eruditos: Fr. Pedro de Alba y Astorga, teólogo franciscano, conocido por sus tratados sobre la Inmaculada Concepción, Juan Espinoza y Medrano “El Lunarejo”, Antonio Valdez y Ugarte “Oyardo”, Ignacio de Castro, Benigno Yábar Arteta, Melchor Moya, Juan Antonio Casanova Zúñiga, Hernando Vega Centeno, Mariano N. García Bueno, Isaías Vargas Bueno y otros, especialmente en el período virreinal. Este plantel ha dado a la Iglesia más de 15 obispos, que han entregado su talento y celo pastoral por toda Sudamérica y España. Forjadores de un nuevo Perú: Dn. José Pérez y Armendáriz, el Obispo Moscoso, los hermanos Angulo, los curas Muñecas y Béjar, el Gn. Andrés de Santa Cruz, el coronel Espinar y otros.

Un grupo de sacerdotes cusqueños y por iniciativa de Mons. Mario Gálvez Tió, consiguieron que el arzobispo Mons. Alcides Mendoza Castro, un 15 de Agosto de 1991, reabra el Seminario de San Antonio, hecho que no sólo hizo volver a los seminaristas cusqueños que estaban estudiando en los seminarios de Abancay y Arequipa, sino también fomentó el aumento de vocaciones hacia la vida sacerdotal diocesana. Y hoy sigue funcionando al servicio de la formación de los futuros sacerdotes de la Arquidiócesis del Cusco y de otras jurisdicciones eclesiásticas.

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